Hablemos ahora de Levine. Hombre de campo, perteneciente también a una respetada familia, quien nos es presentado en la novela en el momento en que decide pedir la mano de Kitty. Pero ésta, enamorada de Wronsky, desprecia su ofrecimiento.
Muchos antes de mí, dijeron que Tolstoi, adopta la forma de Constantino Dimitrievitch (Levine) y nos comparte sus ideas así como algunas escenas de su vida.
Una vez que Kitty le niega su mano, se retira al campo, y comienza una serie de reformas, que intenta plasmar en un libro, pero de la misma manera que Tolstoi, la idea de que escribir es una pérdida de tiempo, atrasa su final. Tiempo después, impulsado por la noticia, de que Wronsky dejó a Kitty, acepta una invitación de Esteban a comer, en ésta reunión, el acercamiento entre Kitty y Levine, termina en el enamoramiento de ésta, y en una segunda y exitosa proposición de matrimonio.
Ahora me permitiré explicar, porqué ésta novela es tan aplaudida. Tolstoi nos presenta el amor, en todas sus facetas. Primero, tenemos a Wronsky y Ana, quienes se entregan a su pasión, y con ello, ambos se destruyen, Ana pierde su lugar en sociedad, a su querido hijo, y a sí misma, y Wronsky, la pierde a ella. Enseguida, tenemos a Dolly y Esteban, Dolly dio todo por su familia, cumple con sus obligaciones, y mantiene una buena imagen ante la sociedad, aun así, Esteban no aprecia esto y mantiene relaciones fuera del matrimonio, pero a comparación de Ana, no es castigado por ello. Tercero, Kitty y Levine, encarnan el amor tierno, y lento que se forja paso a paso sobre la confianza.
Entre éstas dispares situaciones, una cosa podría ser señalada como culpable, “la sociedad”, o mejor aún, nosotros mismos.
Nosotros, que con nuestro huecos y desfigurados valores, nos creemos en el derecho de juzgar a los demás.
Lejos de hacer una novela romántica, para mí, Tolstoi, escribió una crítica a la sociedad de su época, y tal vez sin querer, una crítica a las sociedades de todos los tiempos, en todo el mundo.
Entre éstas dispares situaciones, una cosa podría ser señalada como culpable, “la sociedad”, o mejor aún, nosotros mismos.
Nosotros, que con nuestro huecos y desfigurados valores, nos creemos en el derecho de juzgar a los demás.
Lejos de hacer una novela romántica, para mí, Tolstoi, escribió una crítica a la sociedad de su época, y tal vez sin querer, una crítica a las sociedades de todos los tiempos, en todo el mundo.
Judith